El Albañil Pobre
<<Compadre, te tengo que pedir unos consejos…>> le dijo Miguel a Carlos. La mirada de Carlos le señaló a Miguel que le aconsejara. <<Un cuate mío se va a casar con una vieja solo porque tiene lana, y como es muy amigo mío, no quiero que lo haga porque, de veras, esa vieja es bien mamona. Ni él la quiere de verdad. No más quiere su dinero.>>
<<Aaah… entiendo… entiendo, pero si él es capaz de hacer lo que hizo el albañil pobre, dile que se case con ella.>> le aconsejó Carlos.
Carlos comenzó a contar la historia de un albañil pobre que se casó con una mujer muy rica. Érase una vez, hace unos años. Había un albañil que era muy listo pero no tenía la motivación de realmente buscar una manera honesta de ganar dinero. Estaba feliz con lo que tenía, muy poco, pero quería que su papá lo viera como una persona exitosa.
Su papá también había trabajado como albañil por toda la vida. De hecho, era muy amigo del dueño de la compañía quien tenía demasiado dinero por el éxito que le traía su negocio. El albañil le dijo a su papa que había tenido ganas, por un rato ya, de salir con la hija del dueño pero su papá no le entendió los motivos. Todo el mundo sabía que aquella mujer era malísima onda. Se creía princesa. Tenía 28 años y su papá aún le mantenía. Cada hombre que demostraba la audacia de pedirle a salir jamás la volvía a ver. La mujer era mala.
El padre del albañil trataba de siempre cumplir los deseos de su hijo. Nunca había tenido mucho, así si tuviera la oportunidad de cumplir los deseos de su hijo, la tomaba. El padre habló con su amigo, el dueño, quien habló con su hija y la mujer aceptó la oferta del albañil. Ella había pasado meses sin salir con nadie.
El día siguiente ella llegó al departamento chiquito del albañil. No pasaba ni un segundo antes de que ella insultara todo lo que tenía el albañil. <<Aaa… ¿Cómo puedes vivir aquí? Tu departamento apesta de pobreza y pescado viejo. ¿Cómo puede ser que solo tienes dos sillas y una mesa? ¿No tienes otras mueblas? Psh…>>
El albañil se mantenía tranquilón y le dijo a ella que se sentara. Ella se sentó pero seguía insultando cada cosita que supiera insultar. El albañil decía muy poco. La dejó hablar mientras pensaba en su plan. Después de unos minutos alguien tocó la puerta. Era un amigo del albañil. <<Quédate aquí.>> le dijo a ella.
<<¿A dónde me voy a ir? Tienes una sola habitación.>>
El albañil le dio una mirada intensa que le calló y abrió la puerta. Cuando la abrió, el albañil le agarró el collar de la camisa de su amigo y le tiró al suelo. Sus movimientos fueron tan rápidos que su amigo ni siquiera tuvo tiempo de gritar ni decir una sola palabra. El albañil había sacado una pistola de su saco y la había forzado dentro de la boca de su amigo. El sonido del metal de la pistola rasgando los dientes de su amigo hizo que la mujer se encogiera.
<<¿Dónde está mi lana, carbón? ¿Has venido otra vez para pedir una extensión o qué? Si no me la das mañana, te busco y te mato. ¿Comprendes?>>
Lagrimas formaban en los ojos del amigo del albañil. Ni siquiera él sabía lo que andaba pasando. El albañil le dijo que no dijera nada y que se fuera. Sacó la pistola de la boca de su amigo y le echó de su departamento.
Justo cuando había cerrado la puerta de su hogar, el albañil fingió haber recibido una llamada a su cel. Le contestó demostrando disgusto. Seguía gritando a nadie con el teléfono pegado a su oído y con su pistola aún en la mano. Mientras gritaba, la mujer se paró y iba acercando la puerta con esperanza de huirse. Sin dejar de gritar, le señaló que se sentara de nuevo con un simple gesto de la pistola hacia la silla. La mujer le obedeció.
Cuando colgó la llamada falsa, el albañil volvió a ser tranquilón. <<Bueno, ¿Qué hacemos entonces? ¿Tienes hambre?>>
La mujer le dijo que no, así que el albañil recomendó que se quedaran en su departamento.
<<Yo, sí, tengo hambre. Cocíname algo.>> Callada, la mujer se paró y le hizo una comida. Aquella noche, la mujer se quedó con el albañil y estaba contenta de estar segura con un hombre tan fuerte y poderoso como el albañil. Después de estar con él por unos meses, se casaron y ella le sigue obedeciendo.
Si al principio no te muestras como eres,
no podrás hacerlo cuando tu quisieras.
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